Comunicado de prensa 017/2009

TUVO UNA GRAN IMPORTANCIA LA MEDICIÓN DEL TIEMPO ENTRE LOS PUEBLOS MESOAMERICANOS

De su medición precisa dependía la obtención de buenas cosechas.

Zinacantepec, Estado de México, 1 de junio de 2009.

comunicado_17_2009Para medir el tiempo, los pueblos mesoamericanos utilizaron dos sistemas calendáricos basados en dos ciclos, uno de 260 días y otro de 365, que tuvieron una gran utilidad lo mismo en la agricultura, ya que sirvieron para determinar las fechas de siembra y cosecha, así como fechas importantes como las celebraciones rituales, en torno a las cuales giraba la vida cotidiana de la población.

Al participar en el ciclo de conferencias "Arqueología y Etnohistoria de Meoamérica" 2009, el investigador de El Colegio Mexiquense, A. C. Raymundo Martínez García, refirió que el ordenamiento y medida del tiempo ha tenido un papel fundamental en la organización de las actividades cotidianas de la humanidad, empezando por la búsqueda de alimentos hasta la medición de las fases de la luna y los cambios que observaban en el ambiente.

Destacó que en Mesoamérica el uso del calendario tuvo especial importancia, ya que respondió ante todo a fines agrícolas y era utilizado para determinar con precisión el momento ideal para la siembra, el cuidado de las plantas y la recolección de las cosechas. El mal cálculo de estas fechas era sumamente importante pues en zonas como el Valle de México y el Valle de Toluca, la llegada temprana de las heladas podía propiciar la pérdida del maíz del que dependía la subsistencia de los pueblos.

Agregó que la aparición de los registros escritos y calendáricos también iban acompañados de la iconografía del poder, ya que las inscripciones conocidas respondieron también a una necesidad política. "La escritura, el calendario y la numeración fueron instrumentos utilizados por la élite para considerar principalmente el relato de los eventos que sucedían dentro de los linajes" y esta fue una práctica que sobrevivió a toda la historia mesoaméricana; los mayas dejaron tras de sí un gran número de inscripciones referentes a la historia dinástica: nacimientos, guerras, matrimonios o guerras de los gobernantes.

Raymundo Martínez precisó que para nombrar a los días, en el calendario prehispánico se utilizaban 13 numerales, aunque hubo algunas variantes, pues el sistema maya utilizó puntos y rayas, y en la parte occidental de Mesoamérica, simplemente se empelaron puntos. Estos 13 numerales eran combinados con 20 signos como viento, casa, lagartija, serpiente, muerto o venado, entre otros animales o creaciones humanas, y daban un total de 260 combinaciones, es decir un ciclo de 260 días que se repetía ininterrumpidamente.

La evidencia más antigua de este tipo de calendario proviene de una lápida de San José Mogote, situado en los valles centrales de Oaxaca, que tiene la fecha calendárica "Uno temblor" y nos habla de la antigua práctica de nombrar a las personas con el nombre del día en que nacían, lo cual también tuvo fines adivinatorios. Todavía en el siglo XX se documentó el uso de este sistema en algunas zonas de guerrero y el área maya.

Sobre el origen de este calendario no se tiene mayor certeza, pero entre las hipótesis que han sido formuladas destaca como la más convincente la que sostiene que este ciclo de 260 días es resultado de la combinación de los números sagrados 20 -que se usó en Mesoamérica como base numérica- y 13 -que dentro de la cosmovisión mesoamericana se asociaba con los 13 cielos superiores que existían-.

Por lo que respecta al calendario de 360 días –también conocido como la "cuenta de los años" funcionaba de una manera similar al anterior, pues combinaba 13 numerales con 20 signos, si bien la diferencia estriba en que la cuenta no se detenía en 260 sino que tenía más combinaciones. Este calendario estaba organizado en 18 meses de 20 días cada uno, lo que da un total de 360 días a los que se agregaban cinco más al final y eran conocidos como "vanos" o sea que no estaban regidos por ningún dios considerados de mala suerte.

El investigador Raymundo Martínez destacó también que aún ahora no existe consenso entre los investigadores para determinar si los pueblos prehispánicos empleaban algún sistema para ajustar el calendario de 365 días a lo que nosotros conocemos como años bisiestos, pues no existen claras evidencias al respecto, aunque por algunos autores como Fray Bernardino de Sahagún, se sabe que cada cuatro años los pueblos mesoamericanos celebraban un día que duraba 48 horas.

El Ciclo de conferencias "Arqueología y Etnohistoria de Mesoamérica" 2009 concluye el próximo miércoles 3 de junio, con la presentación del Maestro Eduardo Matos Moctezuma, del Instituto Nacional de Antropología e Historia, quien hablará en torno a los "Hallazgos recientes en el Templo Mayor". La entrada es libre.